“Las personas son como la Luna. Siempre tienen un lado oscuro que no enseñan a nadie.”
Mark Twain
HABITUALMENTE…
Todos los días comienzan igual, no hay variaciones, aunque cualquier diferencia en las acciones, en los movimientos, lograba captar su atención, le quitaba presencia a la triste monotonía. Suena la alarma a la misma hora, sabe que es momento de comenzar, que no hay marcha atrás y hay que enfrentar la pereza que a su cabeza atormenta; que con unas gotas de agua bien fría, lograrían darle vida, a un cuerpo que no quiere despertar.
Por más que le encantaría, evitar la rutina, o borrarla de la lista, no lo logra, continuando día y noche un tanto aburrida.
Todos los días, cada vez que puede, escribe sus sentimientos, anhelos, sueños, pasiones perdidas sin vivirlas, en fin todo lo que puede, en un insignificante blog, con interés nulo para la sociedad, pero con gran valor para una sola persona, para Silvia, ya que las pocas, muchas o cualquier persona que lo lea, no tiene ni la mas mínima idea, de quien lo siente, quien lo vive, y para quien lo escribe, por mas de que la mayoría de veces, lo escribe para ella misma.
Al atardecer, por más de que muchas veces tenga cosas que hacer, se dirige a relajarse, a descargar tanta energía que su cuerpo suscita, en un lugar que mucho habita (El gimnasio).
Normalmente al llegar la oscuridad, abre las cortinas, dejando pasar la luz de la noche, dando paso a la luna y las estrellas; ellas siempre la acompañan a dormir.
No podía faltar algún tipo de música, muchas veces puesta intencionalmente, dependiendo de su estado de ánimo, muchas otras escuchando simplemente radio, buscando algo que sentir, con suspiros, que recordar con momentos y que pensar con razones y argumentos, para sonreír mientas duerme con sus sueños.
En su casa todos los días pasan igual, la presencia de sus tres familiares, que conviven con ella, suele quedarse tristemente muchas veces en como ya lo he dicho, simple presencia, pero afortunadamente llegan algunas de esas noches inciertas, en las cuales Silvia y su hermano se buscan, como si fuera por telepatía.
Sentados en el mismo lugar, a la hora usual, comienzan a hablar, del futuro incierto, del pasado que paso, y del presente que llego sin que se dieran cuenta.
Como todo en la vida de Silvia, suele ser normalmente, de esta misma manera transcurren los temas que sus palabras atraviesan, hablado poco de si misma, sin dejar llegar a lo que realmente quisiera tocar, pero que evita. Colocando una línea difícil de pasar para llegar hasta ella misma.
Llega el sábado, que día tan esperado, ya habitualmente ella cocina, aunque ahora ultimo no ingería carnes rojas, le gustaba buscar algo distinto a lo que usualmente comían, hacia cualquier cosa que podía, con lo que había y como creía, eran unos refrescantes momentos, mientras todos en su casa, esperaban lo inesperado.
Cuando atardecía tenían la costumbre de compartir, su padre, su hermano y Silvia; ella valoraba mucho estos momentos, estaba con dos de las personas más importantes en su vida.
No era mucho lo que hacían, pero así disfrutaban su día, era una día en el cual salían; saliendo a caminar, con algo de tomar, sentándose a hablar, acercándose mas a su familia que de cuatro, que lastimosamente se resumía a los mismos tres, de siempre.
Al finalizar el día, buscaba viajar por la oscuridad de la noche, tomándose algo, mientras compartía con sus amigos, sus amigas; escribía, miraba, leía, pasaba su vida.
“La excelencia moral es resultado del hábito. Nos volvemos justos realizando actos de justicia; templados, realizando actos de templanza; valientes, realizando actos de valentía.”
Aristóteles